Exhiben ‘El Greco y la Legión Tebana’ en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris

Exhiben ‘El Greco y la Legión Tebana’ en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris

Es el siglo XVI y Doménikos Theotokópoulos El Greco se enfrenta a las intrigas de la corte española. Recién llegado de Italia, el artista ha decidido jugarse su última carta: Felipe II le encarga un cuadro. Él pinta entonces El martirio de San Mauricio, que habrá de convertirse en la primera obra manierista y en punta de lanza de una prolífica carrera que le destinó un lugar en la historia del arte.

Ese, dice el dramaturgo y actor Alberto Herreros, “es un episodio que pasa desapercibido, pero es decisivo en la vida y obra de El Greco. Gracias al cuadro de El Martirio de San Mauricio y a su encuentro con Felipe II, El Greco se convierte en lo que es, primero se trata de la primera gran obra manierista de su vida, pero también inaugura la etapa  de madurez y el gran estilo manierista de El Greco”.

Ese incidente también es el punto de partida de la obra El Greco y la Legión Tebana, donde Herreros cuenta un doble relato de perseverancia, defensa de ideales y creencias, frente al poder.

Por un lado está el artista que intuye que es capaz de llamar la atención de la corte, pero también está la historia de Mauricio, el personaje principal del cuadro de El Greco, quien debió demostrar su lealtad al cristianismo negándose a los órdenes del emperador romano Maximino Hercúleo, en el siglo III D. C.

“La obra cuenta dos historias: la de El Greco en El Escorial tratando de sobrevivir al laberinto de las intrigas palaciegas y hacerse con el puesto de pintor de la corte que había quedado vacante; por otro lado está la historia de San Mauricio que se narra en el cuadro”, explica el dramaturgo. Bajo la dirección conjunta de Herreros e Ignacio García, Natalia Mateo y Maite Pérez Astorga, El Greco y la Legión Tebana es un drama histórico ambientado en dos épocas: la de los últimos años de Roma y la del esplendor de la corona española.

Sobre el episodio del artista, Herreros cuenta: “El Greco se lo jugaba todo a una carta, venía de Italia, todos los grandes mecenas tenían sus artistas y el mercado italiano estaba saturado, la única corte sensible al arte era la española, no había otra más en Europa, era su última carta. En Toledo se le habían cerrado todas las puertas y el encargo de Felipe II fue como una confluencia cósmica, una oportunidad entre un millón, sabía que era la última oportunidad, estaba muy nervioso y era una situación difícil, muy tensa, pensaba que si no resultaba tendría que irse de España”.

Para Herreros, ese encuentro con Felipe II cambió no sólo al artista sino que constituyó un quiebre en la historia del arte, “hasta ese momento no se hacía entender con los nobles; después de ese episodio, como por arte de magia, la vida de El Greco cambia: cambia su personalidad y empieza a entender a la gente para la que pintaba, para la que podía pintar, era un extranjero, un extraño; de ahí surgió esa gran obra que tanto maravilló a los impresionistas cuando se descubrió hace ya más de cien años”.

El hombre del que estaba hablando en el cuadro que entregó al monarca español también había vivido esa encrucijada. “San Mauricio fue un general romano de una legión de siete mil hombres, Maximino lo llama junto a otras legiones para que vayan a Suiza a sofocar una revuelta de galos. Ahí el emperador le plantea un ultimátum, su legión era de cristianos y a Maximino se le ocurre que para recuperar el esplendor de Roma, que se estaba desmoronando, lo mejor era recuperar el culto a los dioses romanos y al emperador”.

“Así que le ordena que se arrodillasen ante él como ante a un Dios, pero él no puede renunciar a sus creencias y se niega, generando una situación muy compleja que tiene tintes dramáticos fortísimos”, agrega. Traída a México por la compañía Pánico escénico, surgida en 2011 en Madrid, la puesta fue estrenada en el Festival Teatro Clásico Cáceres el año pasado. Aquí cumplirá dos funciones más.

Artículo visto en: Excelsior